15 abril, 2010

El declive de occidente




Ayer he vivido el espectáculo de la crueldad. Un grupo de jóvenes, siempre es un grupo, comportándose como árbitros de una situación en la que se sienten seguros y dueños del espacio: UN AULA. Ninguno baja de los dieciséis años, algunos dieciocho, van a clase como el ritual diario del punto de encuentro, no para aprender ni para permitir que alguno lo haga, sino para sentirse alguien importante en su monótona existencia. Actúan con patente desgana, ninguneando a la persona encargada de "estar allí" para que ellos estén, desprecian las más elementales normas de educación en cuanto al respeto debido a la sociedad: entran sin saludar, a gritos con algunos o sentándose a charlar con otros y todo esto sin mirar al profesor, como si no estuviera; si se les dice algo, la respuesta es inmediata, como si lo esperasen.Por otro lado, la dirección, formada por compañeros de trabajo, no se inmiscuye ni busca soluciones, de ahí que ya nadie dice nada, se acomodan a la situación esperando la edad para cobrar. ¿Los padres opinan algo? Sí, que los profesores no son como los de antes, como los que ellos han tenido, ¡esos sí que sabían! los de ahora no se adaptan a lo mucho que saben sus hijos Y ESO ES CIERTO, sus hijos saben mucho más que ellos, lo cual es decir que no saben casi nada más que hablar de nada, opinar de todo, exigir lo que no está en los escritos...y eso es lo que consideran sabiduría los alumnos de la EGB y de la ESO, padres de los de Primaria y Secundaria. Las programaciones, fantásticas, las TIC estupendas, los medios en general, espléndidos.

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